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¿Por qué nace Sembradores de
Estrellas hace más de 30 años?
En primer lugar
queríamos enseñar a la gente, y enseñarnos a nosotros, que en esta
vida vale la pena dar algo a cambio de nada. No queríamos salir a la
calle a ganarnos la propina de nadie –y hay que recordar aquí la
costumbre de pedir el aguinaldo cuando las Navidades se acercan-;
salíamos a decir a la gente que nos alegraba poderles regalar ese don
chiquitito y brillante que era nuestra estrella. Los misioneros son así
¿no? Son gente que va a darlo todo sin tener en cuenta lo que va a
recibir. Pues nosotros como ellos.
La
otra razón era también muy misionera: si en el DOMUND habíamos salido
a las calles para pedir a los peatones su ayuda para las misiones, en
Navidad salíamos para agradecer en nombre de los misioneros la
aportación que entonces les entregaron. Eso lo explicábamos en unas
octavillas que entregábamos al tiempo que nuestras estrellas.
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Los
comienzos fueron estupendos
Entonces
se daba mucha menos propaganda en las calles y había
bastantes recaudaciones diversas
para obras de tipo asistencial. Cualquiera que nos veía avanzar
pensaba, no sin razón, que
le íbamos a pedir dinero, que le íbamos a “saquear”.
¡Qué va! Daba gusto, por ejemplo,
pensar que en todas las otras entradas de las estaciones
de metro estaban, como nosotros, unos amigos que repartían sus
estrellas y que copábamos Madrid.
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Nos pasó el primer año que un señor se empeñó en dar una
propina al grupo que le regaló la estrella. Le dijeron que los
regalos no se cobran y entendió. Estaban a la puerta de una
cafetería de la calle Juan Bravo en la que entró. Al salir dijo
al grupo: -“Chavales no os vayáis de aquí sin tomar un
desayuno que he dejado pagado para vosotros”; y, según nos
contaron, fue un desayuno de fiesta.
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Conservamos algunas de las cartas al director que aparecieron
entonces. Os gustaría leerlas. Nos anunciamos mucho en la radio y
alguno de nuestros grupos pasó entero por la COPE, temprano, para
saludar a los que suponíamos que nos encontraríamos luego en las
calles.
Después
de eso vino el encontrarnos en algunas plazas juntos, los que
habíamos estado repartidos por la ciudad; y de ahí pasamos a
celebrar una fiesta en algunas plazas de ciudades de España. En
Madrid lo hacíamos en la Puerta del Sol. Globos, bailes,
escenificaciones de Navidad y fiesta misionera en toda regla. A
varios alcaldes les gustó, sin duda aquello, porque nos
visitaron, nos acompañaron y nos animaron con sus palabras. |

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¿Y
hoy?
Pues hoy sigue todo eso con la riqueza añadida de la
experiencia. Hoy resulta que reciben nuestras estrellas personas que las
repartieron cuando eran más jóvenes. Hoy este reparto lo conocen muchos y no hay que explicar
tanto. Pasan de 10 millones las estrellas que imprimimos.
¿Y
falta algo? Falta que se vayan animando
cada día más niños y niñas, y más jóvenes, que anuncien en las
calles el sentido hermoso de la Navidad. Y falta deciros que es una
alegría inmensa veros en las calles llevar, como nuevos misioneros, la
noticia de la presencia de Jesús entre nosotros.
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