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Héctor Roselló tiene 24 años, y aunque es monitor de tiempo libre y animación, trabaja de mozo en un supermercado. Sin embargo, lo que le tiene realmente ilusionado desde hace algún tiempo, es el nuevo trabajo con el que se ha comprometido, y que le ha llevado este verano a la parroquia de Pachacama, en Perú, para ponerse a disposición de un sacerdote misionero de Mallorca.
El delegado de Misiones de Ibiza Miguel Ángel Riera, explicó a "Supergesto", que lo que ha hecho Héctor, forma parte de una experiencia que quieren llevar a cabo las delegaciones misioneras de las Islas Baleares para apoyar el campo de misión de Mallorca, con jóvenes que quieran compartir experiencias misioneras durante un largo tiempo. Fundamentalmente, los jóvenes son enviados desde Ibiza a los lugares de misión donde trabajan las Agustinas del Amparo, que con vocaciones originarias de la diócesis, trabajan intensamente el mundo de la misión "ad gentes" y colaboran también como voluntarias en la Delegación de Misiones. Sin embargo, en algunos casos, los jóvenes inician su experiencia en contacto con misioneros de otras instituciones. Es el caso de Héctor, pero también el de José Padín, que colabora desde hace un año con la Delegación, o de Anna Ribas, una médico residente que partirá en octubre a Nicaragua para poner su trabajo al servicio de los pobres y de un padre carmelita ibicenco.
Estos jóvenes están dispuestos a "dejarse la piel" para ayudar a la gente que encuentren en la misión; como dice Héctor: "quiero dar lo máximo de mí". Este joven considera que cumplir su "sueño misionero" es uno de los mayores regalos que la vida le tenía preparado. Desde hacía mucho tiempo tenía ganar de irse a otro país, aunque es consciente de que también desde su voluntariado en la Delegación de Misiones estaba haciendo cosas por la misión. Héctor sabe que "no es fácil dejar toda una vida para hacer misiones" y para eso "deber estar muy concienciado de lo que quieres hacer".
Anna, cree "que en el mundo en que vivimos hay muchas maneras de organizarte la vida", aunque "todos intentamos seguir la corriente de la sociedad; pues es lo más fácil y lo que nos supone menor implicación y dolores de cabeza". Sin embargo, esta chica es incorformista y cree que lo que caracteriza la sociedad humana no es el consumo o las apariencias sino "las relaciones personales". Esta joven, a la que siempre le ha gustado "trabajar en la comunidad" cree que es necesario "conocer a las personas, saber sus inquietudes, motivaciones o preocupaciones" y subraya "la experiencia que nos da participar de la Delegación de Misiones y el viajar a lugares con culturas, tradiciones y actitudes tan diferentes". Anna ha experimentado que "te abre la visión del mundo y te enriquece, por un lado a ti como persona, y por otro a su entorno".
Salir a la misión
El grupo de voluntarios misioneros de Ibiza ayudan a los jóvenes a prepararse seriamente para salir a la misión. En las reuniones que mantienen periódicamente, cuentan con la experiencia de personas que llevan mucho tiempo apoyando la misión desde su trabajo sencillo, con las Agustinas del Amparo que vienen del campo de la misión, o con el testimonio de otros jóvenes que ya han tenido sus pequeñas experiencias misioneras. Para el delegado de Ibiza, "es una demostración de que la Iglesia es misionera en todas sus dimensiones y de cómo, en ella, los jóvenes y los no tan jóvenes, estamos llamados a continuar el anuncio del Evangelio". Anna valora que pueda trabajar en la Delegación junto a personas mayores, así se "combina la motivación e ímpetu juvenil, con la serenidad y temple de los mayores". El trabajo por las misiones puede parecer más opaco cuando los jóvenes colaboran con la Delegación sin salir a la misión. Pero también desde Ibiza hay mucho que hacer: apoyando la Campaña del Domund; difundiendo la Campaña de Infancia Misionera en parroquias y colegios; participando en la "Mostra d´entitats solidaries" que organiza el Ayuntamiento; o recogiendo las peticiones de los misioneros ibicencos y valorando sus necesidades para ver en qué medida se les puede ayudar.
Sin embargo, nada es comparable al sueño de salir a la misión; entonces, muchos jóvenes pueden concretar su deseo de poner sus talentos al servicio de los pobres, en los países donde la Iglesia es más joven y necesita refuerzo. Anna lo hizo en febrero de 2009, cuando tuvo ocasión de participar en una campaña médica en Trujillo (Perú), para valorar las nuevas instalaciones construidas en un barrio necesitado de las afueras de la ciudad donde trabajan las monjas agustinas de Ibiza. Para esta joven médico, asistir a los demás "desde la fe cristiana, refuerza nuestras acciones".
Pero curiosamente, a su regreso, esta experiencia hace que también su ayuda en la Delegación se torne más comprometida. Lo explica el delegado: "A su regreso a las tareas cotidianas, colaboran con la Delegación y transmiten en su ámbito personal un talante diferente de afrontar y realizar las cosas, una mirada nueva a la hora de afrontar la vida". También Héctor ha comprobado ya que puede contagiar su entusiasmo misionero a otros: "hay conocidos y amigos que me dicen que les gustaría pasar un verano misionero como el mío".
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