
La Congregación de los Siervos de la Caridad es la rama masculina de la obra Don Guanella, la red de casas y servicios para personas en dificultad y sin apoyo que nació del corazón generoso y de la mente fervorosa de Don Luis Guanella, el sacerdote italiano que será canonizado el próximo 23 octubre por el papa Benedicto XVI.
Los Siervos de la Caridad, religiosos sacerdotes y hermanos, son hoy más de 500, esparcidos en 19 naciones de Europa, América, Asia y África. Trabajan en comunidades para jóvenes y chicos abandonados o marcados por dificultades sociales y económicas; centros y comunidades para personas con discapacidad intelectual y física, para ancianos inválidos o solos... También se dedican a la labor pastoral en parroquias, especialmente en lugares donde la escasez de clero y la difícil situación socioeconómica han convertido a las comunidades cristianas locales en un verdadero “rebaño sin pastor”.
La vida de Don Guanella
Don Luis Guanella, párroco de montaña en los valles de los Alpes italianos a finales de 1800, había comprendido que los curas tenían que “salir de la sacristía” y dar a manos llenas “Pan y Señor”: el pan de la ayuda material, del mantenimiento íntegro de la vida de las personas, junto con el Señor, verdadera y única esperanza para esta vida y para la vida eterna.
Para poder aclarar esta intuición de joven cura, pidió y consiguió de su obispo la posibilidad de ir con don Bosco, y fue salesiano durante tres años, adquiriendo una preciosa experiencia. Luego pasó siete años entre intentos fallidos, incertidumbres e incomprensiones hasta que logró abrir en Como (Italia), en el centro de su diócesis, la Casa Divina Providencia, refugio para toda persona que sufre y punto de apoyo de cuidados y de educación para quien no tiene ayuda al inicio, durante el crecimiento, o para terminar con esperanza el camino de la vida.
Después de aquella primera Casa, que al cabo de pocos años acogía a centenares de huérfanos, ancianos, discapacitados de todo tipo, vino una auténtica primavera. Sus últimos treinta años los gastó en un mar de obras e instituciones de caridad en toda Italia, Suiza y EE UU. Mientras, se rodeaba de hombres y jóvenes mujeres que se consagraron a Dios en el servicio a los hermanos, dando vida a dos congregaciones religiosas: los Siervos de la Caridad y las Hijas de Santa María de la Providencia. A sus seguidores les enseñó la mística del servicio, el ideal de hacerse “víctimas de caridad” en la sencillez de los gestos cotidianos, en la serenidad de una vida comunitaria de estilo familiar, en el duro trabajo compartido, en la alegría fraterna, en la pobreza generosa... A su muerte, acaecida el 24 de octubre de 1915, las Hijas de Santa María de la Providencia y los Siervos de la Caridad, en las diversas casas por él fundadas, daban cada día pan y Señor a miles de personas en dificultad.
Las intuiciones de Don Guanella
En el rico filón de los muchos fundadores de obras caritativas y asistenciales que florecieron en la Iglesia a finales del siglo XIX, tres parecen ser las intuiciones fundamentales que caracterizan la misión guaneliana y la relación de los Siervos de la Caridad con “sus” pobres: Los Siervos de la Caridad son padres y hermanos. Desde el principio, el ideal de vida y la práctica cotidiana de Don Guanella estaba basado en “abrir casas”, formar grupos con relaciones sencillas, directas, profundas y fuertemente responsables, como en una familia. Nadie en casa se limita a prestar un servicio o a recibir una ayuda. Todos son, a distintos niveles, responsables y están unidos por vínculos de solidaridad y cariño. De esta intuición nacieron dos aspectos fundamentales de las instituciones guanelianas: el estilo de relación sencilla y familiar, y la exigencia de que todos los servicios sean ideados y realizados no por un único religioso, sino con la aportación de la comunidad entera. Los Guanelianos son siervos, por lo tanto están obligados a descubrir lo que realmente es bueno para la persona, en el tiempo y en el lugar en el que se encuentra. Como siervos se sienten también empujados a trabajar con ganas, descubriendo en el trabajo un medio educativo que ayuda a restablecer la dignidad y la esperanza. Esto lleva a una variedad de modalidades de servicio en la tipología de personas atendidas, en los proyectos... En esta vasta gama de actividad, ha sido determinante la presencia, desde hace años, de muchos laicos trabajando al lado de los religiosos: trabajadores profesionales, voluntarios, grupos de cooperadores, amigos y asesores conforman una red que recibe cohesión de la presencia de los religiosos, y ofrece una magnífica aportación de capacidades profesionales, inventiva, ayuda práctica y estudio.
Por último, los Guanelianos son siervos de la Caridad. Puesto que se sienten transmisores del amor del Padre de Jesús y Padre de todos los pobres; están llamados a la universalidad. Don Guanella dijo: “No podemos detenernos, mientras haya pobres”. Y les dijo a sus hijos: “Vuestra patria es el mundo entero”. Él mismo quiso dar ejemplo de este espíritu misionero enviando a sus religiosas, primero, y yendo él mismo después a EE UU, donde había una importante población italiana emigrante. Este impulso misionero no cayó en saco roto y, a los 10 años de la muerte del fundador, sus hijos fueron a Argentina, extendiéndose más tarde por Paraguay, Brasil, Chile, México, Colombia y Guatemala. También en estas naciones, los Siervos de la Caridad se ponen al lado de la Iglesia local para apoyar y recuperar a las personas más abandonadas: chicos de la calle, discapacitados físicos e intelectuales, enfermos, ancianos..., con pocos medios materiales, pero con una gran riqueza de dedicación e inventiva. Esta es la particularidad misionera de la Obra don Guanella.
En la estela de estas intuiciones fundamentales, con sencillez, pero con tenacidad, los Siervos de la Caridad continúan con ilusión su misión en el mundo. Mientras que la expansión en Europa se ha quedado limitada a España, Suiza y Polonia, un vasto campo de acción se ha abierto en los últimos veinte años en Israel, India, Filipinas, Congo, Nigeria, Ghana y recientemente en Vietnam del Sur.
Por Franco Lain
Siervos de la Caridad
Artículo publicado en Misioneros Tercer Milenio, nº 100, diciembre 2009
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