Los Misioneros de la Preciosa Sangre somos una congregación de vida apostólica que fundó San Gaspar del Búfalo, en San Félix de Giano (Italia), el 15 de agosto de 1815 para proclamar la Palabra de Dios. Estamos presentes en los cinco continentes y somos unos 600 miembros en todo el mundo.
La congregación está dividida en provincias autónomas, con una curia general que tiene como misión la animación para vivir nuestro carisma y espiritualidad. Una de esas provincias es la que forman España y Portugal, la Provincia Ibérica; desde hace unos diez años estamos presentes en la vida de Guinea Bissau. Allí tenemos una parroquia en Safin y una casa para seminaristas. Las otras provincias de la congregación tienen campos de misión en Guatemala, Perú, Chile, México, Colombia, Vietnam, Brasil, Tanzania e India. En todos los casos buscamos la promoción espiritual y social, a través de parroquias, centros sanitarios, hospitales, centros de reconciliación de las familias y de las personas, seminarios nativos...
Los Misioneros de la Preciosa Sangre nacen del convencimiento del fundador por llevar a cabo una renovación espiritual de los pueblos afectados por el “bandolerismo”. El Papa encomienda a San Gaspar la renovación de los Estados Pontificios y él aporta la solución de que esta renovación tenía que venir por la proclamación de la Palabra de Dios, a través de los retiros y las Misiones Populares. Para preparar la Misión y reponer fuerzas para la próxima, funda una congregación con la espiritualidad de la Preciosa Sangre de Cristo, la Sangre derramada por todos para la remisión de nuestros pecados.
La misión
Como somos miembros de la Iglesia, participamos de su misión de evangelizar y lo hacemos mediante el ministerio apostólico y misionero de la Palabra.
Nuestra misión o apostolado nos llama a ser evangelizados por la Palabra; a evangelizar mediante su proclamación a través de las Misiones Populares y del anuncio de la Buena Nueva en cualquier ocasión que se nos presente, con retiros, ejercicios espi-rituales…, que sirvan para potenciar la vida de los hombres. También nos anima a dar testimonio de esa Palabra con nuestro estilo de vida, viviendo el misterio pascual de Cristo: muerte y resurrección. Sin olvidarnos de trabajar por la paz, la justicia y la reconciliación; promocionar la humanidad; reconocer y escuchar los gritos de la Sangre, allí donde alguien sufre por causa de las injusticias; defender la vida en una cultura de muerte; colaborar estrechamente con los laicos; tener apertura con hermanos de otras confesiones y estar dispuestos al diálogo abierto con todos, viviendo así un completo ecumenismo; mostrarnos solidarios con los que sufren, con los pobres, desamparados y los que son víctimas de la opresión y la marginación; trabajar con las víctimas y con los agresores; y ser profetas del Reino de Dios.
La comunidad
La misión de la proclamación de la Palabra se sustenta y se apoya en la vida comunitaria. San Gaspar quiso que la comunidad fraterna caracterizase a los Misioneros de la Preciosa Sangre.
Nuestra vida comunitaria se identifica por el “vínculo de la caridad”: nos une la caridad fraterna. Estamos llamados a vivir juntos, siempre que las necesidades del apostolado no exijan lo contrario, incluso cuando los apostolados son diversos. Es muy im-portante también un espíritu de diálogo. Tenemos que compartir nuestra fe y nuestros talentos. Se nos llama a llevar un estilo de vida sencilla y austera, si queremos ser creíbles, a ser ministros de la reconciliación, a la conversión y a ser hospitalarios.
La espiritualidad
La espiritualidad de la Sangre de Cristo es la que da sentido y motiva nuestra misión de evangelizar. En el centro de nuestra vocación misionera está la Sangre de Cristo derramada por todos para el perdón de los pecados.
Para nosotros, esta espiritualidad de la Preciosa Sangre tiene diversos elementos. Las Sagradas Escrituras, junto con el patrimonio de nuestra congregación, deben ser la base de nuestra oración y estudio, tanto en el ámbito individual como comunitario. En la mesa de la Eucaristía se refuerza el vínculo de la caridad, porque beber el cáliz de la alianza crea comunión y amistad.
Una espiritualidad basada únicamente en la contemplación queda pobre. Hace falta que esa espiritualidad alcance la vida. Por eso, debe llevarnos a la reconciliación, a aceptarnos unos a otros y a los que no son de la misma cultura. Nos tiene que hacer per-sonas abiertas de corazón. Debe conseguir que seamos personas libres de espíritu y alcanzar una pobreza del mismo, para que no nos sintamos esclavos de nada de este mundo y para que seamos capaces de compartir con los demás lo que somos y tenemos. Nos tiene que hacer reconocer nuestra humildad.
La Espiritualidad de la Preciosa Sangre, por ser Sangre derramada por todos, nos pide que demos una respuesta radical a su llamada; que, allí donde grita y nos reclama, seamos capaces de ir a calmarla. Para vivir esta espiritualidad se nos pide una renovación.
DATOS DE CONTACTO
MISIONEROS DE LA PRECIOSA SANGRE
Apartado de correos 74
10080 Cáceres
Teléfono: 927 24 57 54 |
Por Paulino Hernández
Misionero de la Preciosa Sangre Artículo publicado en Misioneros Tercer Milenio, nº 96, junio 2009
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