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Hijas de San Camilo Edificando el reino de Dios desde el mundo de la salud
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La congregación ha recibido del Espíritu Santo, transmitido directamente por san Camilo de Lelis a través de los fundadores, el carisma de “testimoniar el amor siempre presente de Cristo a los enfermos mediante el ministerio espiritual y corporal, ejercido aun con riesgo de la vida”, a lo que las Hijas de San Camilo se comprometen con un cuarto voto. De esta manera viven las palabras evangélicas: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos” (Jn 15,13). El padre Tezza formó, en 1891, en Italia, un grupo de jóvenes orientadas a la vida religiosa para la asistencia de los enfermos, según el espíritu de san Camilo. Conoció a Judith Vannini durante un retiro espiritual dado a las señoras de la colonia francesa residentes en Roma. Le expuso su proyecto de fundar una congregación religiosa inspirada en las enseñanzas de san Camilo. Nació así, el 2 de febrero de 1892, la congregación de las Hijas de san Camilo. El 19 de marzo, Judith vistió el hábito religioso, cambiando su nombre por el de sor Josefina Vannini, siendo nombrada superiora de la congregación naciente. Con ello se plasmaba en el mundo de la mujer lo que San Camilo pedía a sus religiosos: que trataran a los enfermos “con toda diligencia y caridad, con aquel afecto que suele tener una madre amorosa con su único hijo enfermo”. Las Hijas de San Camilo practican, consecuentemente, la ternura, la acogida, la capacidad de escucha y la empatía. Y, como les decía su fundador, el P. Luis Tezza, deben beber “en la fuente del Corazón Divino ese espíritu de santa caridad que las haga estar llenas de ternura, entregadas y como verdaderos ángeles junto al lecho de los enfermos y los pobres”. La congregación de las Hijas de San Camilo fue aprobada en 1931 por la Santa Sede.
La espiritualidad
Jesús crucificado ocupa el lugar central en la espiritualidad de las Hijas de San Camilo y, por eso, desean vivir solamente para Jesús, que sufre en la cruz y en los enfermos como hermano universal. De la Virgen María aprenden la entrega y el sacrificio por los demás, la ayuda y el saludo consolador de salvación como medios para llevar a los enfermos a Jesús.
El estiloEl estilo característico de las Hijas de san Camilo se encuentra en el lema: “Bene omnia fecit” (“Todo lo ha hecho bien”) (Mc 7, 37). Este lema, que resume el comportamiento y el trabajo de Jesús, fue acogido por nuestros fundadores y transmitido a las Hijas de san Camilo. Escribe la madre Josefina Vannini: “Tratemos de que nuestras más pequeñas acciones tengan la perfección que el Corazón Sagrado de Jesús pide a sus esposas; por tanto, rectitud en todo y para todo de manera que agrademos cada vez más al Señor”. El padre Luis Tezza, por su parte, afirmaba que la santidad no consiste en hacer grandes cosas, sino “en hacer el bien, y este bien, bien hecho, en la condición, en el estado en el que Dios nos ha puesto. Nada más, solamente eso”. La fecundidad del ministerio brota de la amistad personal con Dios y, como recomendaba el fundador, de la práctica más íntima y perfecta de la caridad fraterna.
El ministerioNuestro instituto tiene como finalidad el servicio completo al enfermo en la globalidad de su ser. A su persona prestamos todo nuestro cuidado, de acuerdo con sus necesidades y con nuestra capacidad y competencia. Por tanto, asumimos nuestro servicio en el mundo de la salud para la edificación del reino de Dios y la promoción del hombre, comprometiéndonos en la humanización de las estructuras sanitarias y anunciando el evangelio de la caridad.
Las misiones: un honor y un empeño
En los últimos 40 años nuestro instituto ha dado un gran impulso a la expansión de la actividad misionera. Juan Pablo II nos recuerda que somos “llamadas a ser signos concretos de la ternura de Cristo, sobre todo donde el sufrimiento oprime al ser humano en el cuerpo y en el espíritu”, y nos alienta a “continuar por este camino, animadas y sostenidas por el ejemplo del beato Luis Tezza, auténtico «peregrino por la misión»”. Nuestra participación en algunas naciones más típicamente “misioneras” tiene características propias. Por ejemplo, en África y en India, además de nuestra labor evangelizadora, desarrollamos nuestro trabajo misionero en centros de salud, atendiendo a las madres gestantes, cuidando de niños prematuros y recién nacidos, visitando a domicilio a enfermos en los pueblos donde no tienen oportunidad de ser atendidos por los médicos, etc. La prevención de las enfermedades es un trabajo continuo, así como también la formación inicial de los niños y la de los adultos. En Uagadugu (Burkina Faso) contamos con una escuela de economía doméstica, donde ensañamos los oficios de coser, tejer, cocinar, higiene, etc. En Tadepalligudem (India) hay un hospital especializado en la atención a enfermos de tuberculosis, SIDA y lepra. Esta labor silenciosa y cotidiana es nuestra aportación al desarrollo de la sociedad local, la armonía y el bienestar de las familias y el empoderamiento de las mujeres.
Por Sor Berna Osores Santillan
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