El compromiso social del Evangelio

S

nas horas antes de morir, el 12 de agosto de 1925, el Venerable Siervo de Dios Juan León Dehón decía delante de sus religiosos, dirigiendo sus ojos a una imagen del Corazón de Jesús: “Por Él vivo, por Él muero”. Sus ochenta y dos años de vida, siempre a la búsqueda de cumplir la voluntad de Dios, tanto en el discernimiento vocacional como en su servicio a la Iglesia, a través de la Congregación por él fundada en 1878, en la ciudad industrial de S. Quintín, en Francia, le llevaron a adentrarse en el seno de una sociedad en camino de una industrialización creciente que generaba demasiadas lacras. Así las cosas, frente a un liberalismo económico despiadado y las luchas avivadas y protagonizadas por el socialismo y anarquismo, el Padre Dehon predicó y dio a conocer el pensamiento de la Iglesia, y en especial de León XIII, sobre los problemas que ocasionaba el desarrollo industrial.

Cuando vuelve con tres doctorados de Roma, en 1871, a su obispo no se le ocurre mejor idea que nombrarlo séptimo vicario de la parroquia de la Basílica de S. Quintín. Desde esta humilde situación se va a plantear, urgido por la caridad de Cristo, cómo ayudar a los jóvenes obreros, a los patronos, a la juventud de la ciudad. Crea oratorios, como lugares de encuentro, de acogida. Allí los obreros buscan trabajo, los patronos afrontan y reflexionan sobre la problemática social y los sacerdotes profundizan espiritualmente sobre los dramas que genera la industrialización.

En diálogo con un nuevo obispo, conociendo los deseos del P. Dehon de poner en marcha un Instituto religioso que viviera su experiencia espiritual de hacer reinar el Corazón de Cristo en la almas y en las sociedades, le propone fundar un colegio donde se impartiera una formación cristiana para los futuros dirigentes de la vida social y económica de la ciudad y que, al mismo tiempo, se constituyera en los cimientos para empezar la nueva fundación (1878).

A la búsqueda de campos de misión

El espíritu misionero que por aquel entonces desbordaba a la Iglesia de Francia –como se observa por las grandes asociaciones de fieles que se formaban en apoyo de las misiones y por las numerosas fundaciones de congregaciones misioneras– animó el deseo y la confianza del P. Dehon a la hora de buscar campos de misión para sus colaboradores; algunos decididamente misioneros, como mons. Grison, el primero que cruzó el Atlántico para comenzar la obra de los Padres Reparadores en el Ecuador (1886-1896). Experiencia truncada pocos años después por la revolución y la masonería, pero que fue la semilla de expansión misionera y apostólica de la congregación por América del Sur. Cabe destacar que, con motivo del centenario de la expulsión (1996), los PP. Reparadores de España han vuelto a retomar el campo misionero del Ecuador con proyección pastoral y social.

Y también fue el germen de la comprometida aventura misionera de los Padres Reparadores en el entonces llamado Reino del Congo. El día 25 de diciembre de 1897, cerca de Stanley Falls, en la zona del Congo Oriental, el P. Gabriel Grison celebra la primera Misa en lo que había de ser la misión por excelencia de la Congregación. Hombre de profunda fe, duro y enérgico, explorador de sus vastos territorios de misión, en unas condiciones de vida inhóspitas, verá morir a muchos de sus compañeros. En 1904 será nombrado Prefecto Apostólico y más tarde Vicario. Esta gran misión seguirá los pasos de la administración belga, será campo de misión para toda la Congregación, y en 1964, en medio de las convulsiones que siguieron a la descolonización, sufrió un auténtico baño de sangre: 27 de nuestros misioneros fueron asesinados. Entre ellos, un obispo que prefirió quedarse con los suyos, con su pueblo, en vez de participar en el Concilio, al que había sido convocado.

Juan Pablo II, en una visita a Kisangani, estuvo ante sus tumbas y agradeció los frutos de tanta sangre derramada. En medio de las dificultades que hoy se dan en esta zona, frecuentemente citadas en los medios de comunicación social, nuestros religiosos nativos e internacionales son una presencia de esperanza para aquellas comunidades.

Por los cinco continentes

Pero no quedó ahí la cosa. Los miembros de la Congregación en Alemania, antes de la Primera Guerra Mundial (1912), y de Francia, después de esta contienda mundial (1923), comenzaron su labor evangelizadora en Camerún. En ese mismo 1923 se inician los primeros trabajos en Gariep (Sudáfrica) y, en 1924, la Provincia holandesa, desde Indonesia, introducirá la Congregación en Asia, con una espléndida realización, con sus mártires como semilla, para seguir después con las fundaciones en Filipinas (1989) e India (1994), que tienen carácter internacional.

Mozambique y Madagascar tienen impronta portuguesa e italiana. La segunda, en la época de la independencia, supo estar con el pueblo y pudo vivir un nuevo estilo de Iglesia casi autogestionada. Tres de sus miembros fueron secuestrados durante varios meses, y otro, el P. Aldo Marchesini, médico, ha descubierto este año estar afectado por el sida, víctima de su dedicación.

Hace un par de años fue noticia, también en España, el P. Pierantoni, secuestrado durante seis meses en Mindanao (Filipinas), que hizo de su cautiverio un acto de fe en las manos de Dios, en la bondad de los hombres, de Sábado Santo Litúrgico (él que estaba cansado de Misas, novenas, etc) y de un rosario prolongado, compañero de bolsillo que pudo conservar.

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Por E.M. de Alegría
Sagrado Corazón de Jesús
Revista Misioneros Tercer Milenio