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Instituto de Misiones Extranjeras de Yarumal nace del celo apostólico
de monseñor Miguel Ángel Builes, en Yarumal (Colombia), para ser la
vanguardia misionera de América y apoyar a las misiones en el mundo
entero.
Celosos de este carisma, los Misioneros de Yarumal, como se les llama
comúnmente, comparten su vida en los lugares más pobres, apoyando a la
Iglesia local para que llegue a ser autónoma y dando esperanza al
necesitado con sus diferentes programas de actuación.
Son personas de distintas nacionalidades,
de diferentes razas y pueblos quienes, siguiendo la llamada de
Jesucristo, dan su vida entera para anunciar la Buena Noticia de Cristo
Resucitado, fuente de paz, de justicia, de amor y de verdad.
Monseñor
Miguel Ángel Builes, fundador del Instituto, fue un hombre lleno de
esperanza, de fe, de amor y, sobre todo, un pionero en las misiones de
América. Su teología, su antropología, su actividad pastoral y su
espiritualidad no se quedaban encerradas en los límites de Colombia.
Ello le permitió pensar en la
creación de un seminario que fuese “semilla de misioneros”
para ir más allá de las fronteras de Colombia y de Latinoamérica.
Bajo la protección de los santos
patronos Santa Teresa del Niño Jesús, San Francisco Javier y la Virgen
Inmaculada, los Misioneros de Yarumal se hallan presentes en tres
continentes: América (Colombia, Ecuador, Perú, Brasil, Bolivia, Panamá
y Estados Unidos), África (Costa de Marfil, Malí, Camerún, Angola,
Kenia y Etiopía) y Asia (Filipinas y Camboya).
Todo
un proceso misionero que ha ido cristalizando poco a poco, a medida que
ha ido pasando el tiempo. Se comenzó colaborando en las diócesis
pobres de clero, luego se fue más allá de las fronteras y se llegó,
por vez primera, a Bolivia. Posteriomente, a Ecuador y así,
sucesivamente, hasta llegar a Asia y África.
Hoy
se preparan muchos jóvenes en los seminarios y casas de formación del
Instituto para ir allí donde la Iglesia los necesita. Los Misioneros de
Yarumal viven en comunidad, trabajan en comunidad, rezan en comunidad y
anuncian el Reino de Dios donde quiera que están misionando.
Abriendo
horizontes
Me llamo Gilberto Garcés. Soy colombiano y pertenezco al Instituto de
Misiones Extranjeras de Yarumal.
Mi
experiencia de la misión se inició en Malí. El país, enclavado en África
occidental, acababa de pasar el amargo trago de un golpe de Estado. Las
comunidades religiosas nos volcamos en la tarea de sensibilizar a las
comunidades cristianas en los valores de la paz. Y resultó positivo, ya
que, aunque los cristianos eran minoría (1% solamente), entendieron el
mensaje.
Malí
es un país semidesértico, con más de 10 etnias diferentes y con
predominio del islam. Para mí fue todo un descubrimiento: aprender la
lengua, las costumbres del pueblo Bámbara... y comprender que existen
otras formas de ser, y que en el otro existe una gran parte de verdad,
una gran parte del rostro de Dios.
Después
marché a Costa de Marfil. Ha sido para mí otra experiencia
maravillosa, que me ha motivado a promover y apoyar las vocaciones
misioneras. Costa de Marfil presenta otras realidades sociales. Los
cristianos son más numerosos. Cuentan con el apoyo de las comunidades
cristianas y sus catequistas. Estos últimos son el brazo derecho del
misionero. La evangelización se apoya en los diferentes grupos de vida
y de acción apostólica: Familia Cristiana, Infancia Misionera, Legión
de María, Scouts... y, últimamente, en las Comunidades Eclesiales de
Base.
Verdaderamente,
en mis primeros diez años de sacerdocio he vivido siempre una inmensa
alegría. Ser sacerdote misionero ha sido para mi abrir horizontes,
saber comprender al otro descubriendo las huellas del Dios Vivo, Creador
y Liberador.
Un
poco de historia
En 1924 se celebra en Santafé de Bogotá, el I Congreso Nacional de
Misiones. Entre los asistentes, está el obispo de Santa Rosa de Osos,
monseñor Miguel Ángel Builes. Un venerable sacerdote, el padre Maturin
Jéhanno, se le acerca y le dice estas palabras: "Monseñor, se ha
hablado de fundar un Instituto de Misiones. Usted es joven y Antioquia
es tierra de vocaciones. A usted le toca...".
El obispo Builes vuelve a su diócesis
y madura la idea durante tres años. Consulta con algunos de sus
sacerdotes. Por fin, el 29 de junio de 1927, firma el decreto de fundación
del Seminario de Misiones que se constituye en Yarumal.
Allí, al sur de la ciudad, comienza a funcionar el Seminario de
Misiones. Tres sacerdotes, los padres Abigail Restrepo, Alfonso Restrepo
y Pedro Luis Osorio, en compañía de cinco alumnos, echan a caminar el
sueño del obispo misionero. No tienen ni muebles, ni libros, ni dinero
en caja. La obra sobrevive por la abnegación de los fundadores y el
desvelo del obispo, quien toca a todos las puertas en demanda de alguna
ayuda para sus seminaristas.
A
pesar de mil dificultades, se continúa adelante. Ya en 1928, la obra va
tomando cuerpo, aumenta el número de alumnos y nuevos sacerdotes de la
diócesis madre vienen a colaborar en la formación de los futuros
misioneros. El 25 de septiembre de 1938, después de once años de
luchas y esfuerzos, monseñor Builes ve coronados sus anhelos. En el
templo de Yarumal ordena a los primeros siete sacerdotes de su Instituto
de Misiones.
Desde
1970, el Instituto se abre a otros lugares de misión en América Latina
y, más adelante, a países tanto de África como del continente asiático.
Por Gilberto
Garcés
Misionero de Yarumal
Revista
Misioneros Tercer Milenio
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