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nuestro proyecto de vida, aprobado por la Iglesia, decimos:
“El Espíritu del Señor, que anima a la Iglesia y renueva
continuamente en ella la conciencia de su misión en el mundo,
inspiró al obispo Guido María Conforti a dedicarse a la
evangelización de los no cristianos y a reunir en una comunidad
misionera a hombres llamados a consagrar a Dios su vida por el
mismo ideal. Siguiendo a nuestro Fundador y reviviendo el mismo
carisma, los Misioneros Javerianos respondemos al mandato del Señor:
«Id por todo el mundo y predicad el Evangelio»”.
Herederos
de un carisma

Somos, pues, herederos y depositarios de un don que el Espíritu
del Señor ha hecho a su Iglesia a través de Guido Conforti.
Queremos
vivir este don en total plenitud a pesar de nuestras
limitaciones personales y también comunitarias.
Queremos
que nuestras comunidades sean el lugar donde crecemos en la
vivencia de este don al servicio de la Iglesia y del mundo.
Somos
conscientes de que “el Señor da continuidad a nuestra familia
enviándonos nuevos hermanos. Nosotros los recibimos con gozo y
gratitud y nos esforzamos en comunicarles, con el testimonio y
la palabra, la experiencia del espíritu que nos ha trasmitido
nuestro Fundador y que nosotros mismos hemos recibido en la
Familia Javeriana”.
Él
nos amó primero
Nuestro proyecto de vida está encabezado con una cita de San
Pablo: “El amor de Cristo nos apremia” (2Cor 5,14). Esta
frase, lema de nuestra familia misionera, expresa el fundamento
de nuestra vocación e indica la experiencia que Conforti,
contemplando el Crucifijo, tuvo del amor de Cristo por cada uno
de nosotros.
Nuestra
vida misionera se basa en la repetición de esta experiencia
gozosa de sentirnos amados por Cristo, que “tanto amó al
mundo hasta entregarse a sí mismo”. Sin esta experiencia de
amor no hay vocación misionera posible en la Iglesia.
Sabiéndonos
amados, conociendo que Él se ha entregado, por amor, para
salvarnos, nace en nosotros la decisión de hacer de nuestras
vidas un don para que otros descubran y vivan este mismo amor. Y
concretamente, los Misioneros Javerianos, contemplando el amor
de Cristo, decidimos anunciarlo a quienes aún no lo conocen y
amarle en sus preferidos: los más pobres y los débiles. Es a
causa de este amor que somos misioneros.
Cristo,
el centro de nuestro vivir
De aquí nace la primera y más importante característica de la
Espiritualidad Javeriana: “la unión con la persona de Cristo,
misionero del Padre, centro de nuestro vivir, fuente e inspiración
de nuestro pensar, amar y obrar”. Y expresión de esta unión
con Cristo es “el espíritu de fe viva que nos lleva a ver, a
amar y a buscar a Dios en todo, avivando en nosotros el deseo de
propagar su Reino por todas partes”.
La
vocación misionera de los Javerianos es una llamada a vivir con
Cristo Misionero. Es sentirse amado por Cristo y decidir
responder a este amor. Es intentar seguirle en su caminar entre
los hombres y descubrirle presente entre los pobres. Es entregar
la vida por amor para que otros lo conozcan y para que se haga
posible su Reino haciendo del mundo una familia. Son estos los
componentes de nuestra vocación que manifiestan que “el amor
de Cristo nos apremia”.
Esta
unión con Cristo hace que “vivamos la fe como amistad con
Cristo y como capacidad de lectura evangélica de los
acontecimientos”. De esta fe nace la esperanza y el amor que
nos lleva a la entrega total para la salvación de los hermanos.
Vivificados
por el amor
A veces nos preguntan el porqué de nuestra vida aislada, incómoda
en los países del mundo empobrecido. ¿Por qué entregar la
vida para ayudar a quienes nada tienen que ver con nosotros? ¿Por
qué sufrir en Bangladesh o morir en Burundi? ¿Por qué jugarse
la vida para defender a los indios del Amazonas o a los
marginados de Bogotá? No es por filantropía ni ganas de
aventura. El único motivo es el amor de Cristo.
Conforti
decía que “nos mueve a actuar el amor que Cristo tiene por la
humanidad y que lo llevó a morir por nosotros”. Nos enseñaba
que el misionero debe “estar siempre vivificado por el amor de
Cristo para poder, como Él, acoger a todos en sus brazos”.
Para él, el misionero es “quien ha contemplado a Cristo, señalando
a los apóstoles el mundo entero donde anunciar el Evangelio y
ha quedado seducido por Él”.
Nuestro
proyecto es “tener siempre delante de nuestros ojos a Cristo,
uniformando nuestra vida a la de Él para que nuestras obras
sean manifestación de su amor a todos”.
El
sentirnos amados por Cristo y el querer amarle en los hermanos a
los que somos mandados es lo que nos hace ser misioneros de Jesús,
el Misionero del amor del Padre.
Los
pasos de Conforti

Guido Mª Conforti, nuestro Fundador, nace en Parma (Italia) el
30 de marzo de 1865. Estudia en el Instituto Lasalle y luego en
el seminario diocesano de la ciudad. El 22 de septiembre de 1888
es ordenado sacerdote. El 11 de junio de 1902 es consagrado
arzobispo de la ciudad de Rávena (Italia), sede a la que
renuncia, por enfermedad, dos años después. El 24 de
septiembre de 1907 es nombrado obispo de Parma (Italia), sede
que regentará hasta su muerte, acaecida el 5 de noviembre de
1931. Paralela a su actividad de obispo, Guido Mª Conforti
desarrolla toda una labor misionera que culmina con la fundación
de los MISIONEROS JAVERIANOS cuya finalidad única y exclusiva
es la actividad misionera “ad gentes”. La fecha de fundación
es la del 3 de diciembre de 1895, fiesta de San Francisco
Javier, patrono del Instituto.
El
17 de marzo de 1996, el Papa Juan Pablo II lo declaró Beato.
Misioneros
javerianos en el mundo
Estamos presentes en 19 países: Bangladesh, Brasil Sur y Brasil
Norte (Amazonía), Burundi, Camerún, Colombia, República del
Congo , Chad, China, Estados Unidos, Filipinas, Indonesia,
Inglaterra, Italia, Japón, México, Mozambique, Sierra Leona, y
España. A
España llegamos en el año 1963.
La casa Regional está ubicada
en
C/ Montserrat, 9, de Madrid.
En
la actualidad somos 853 Javerianos, presentes:
281 en Europa; 174
en Asia; 142 en África; y 256 en América.
Por
Juan Carlos Anzanello
Misionero Javeriano
Revista
Misioneros Tercer Milenio |