Testigos del amor entrañable del Padre

E

l 29 de octubre de 1939 la M. Esperanza Vitales Otín funda en la localidad oscense de Lanaja la congregación de las Misioneras de Nuestra Señora del Pilar. Institución misionera que fue erigida de derecho diocesano el 27 de julio de 1962 y que recibió la aprobación de la Sede Apostólica como congregación de votos simples el 22 de julio de 1970.

Esperanza nace en Lanaja el 18 de diciembre de 1911. Desde muy niña experimenta con fuerza su ser hija de Dios: antes de ir a la escuela se sentía más hija de Dios que de sus padres. Experiencia que vivía como algo natural, creía profundamente que era el sentir de todas las personas. De hecho repetía muy a menudo: “Dios es mi padre”, y esto le bastaba para vivir.

Cuando cae en la cuenta del inmenso y entrañable amor que Dios regala a los hombres y de que, a pesar de ello, muchos viven sin conocerlo y otros lo menosprecian, vive una fuerte experiencia del pecado. La persona, amada incondicionalmente por su Dios, rechaza a su Hacedor. El hombre ha traicionado su ser y vive centrado en otras realidades que le deshumanizan.

Pero Esperanza es consciente de que la misericordia de Dios es cumbre de su omnipotencia. Nada está perdido. En medio de este mundo oscurecido por el pecado, ella está convencida de que puede hacer algo y se siente llamada a fundar una congregación mariana y misionera con el fin de que sus miembros fueran testigos del amor de Dios al hombre ocupándose, especialmente, de los más pobres: las Misioneras de Nuestra Señora del Pilar.

Cada religiosa, con María y como María, está llamada a encarnar a Cristo. Recibiendo todo el amor del Padre y dejándose transformar en Cristo, por la fuerza del Espíritu. En la sencillez de la vida cotidiana y, según su capacidad, cada misionera de Nuestra Señora del Pilar es testigo del amor entrañable del Padre a cada persona con la que se encuentra: hermanas de comunidad y destinatarios de la misión.

Nuestro carisma es ser Cristo. Él es la perfección consumada del proyecto de Dios, manifestando el amor infinito hacia el hombre y respondiendo, como hombre, al amor infinito de Dios. Ésta es nuestra misión: infundir y mantener el espíritu de Cristo en las familias, en todas partes. Madre Esperanza murió el pasado 24 de mayo de 2005 en Huesca. Nunca dejó de sentir su amor apasionado por Jesucristo y la urgencia por anunciar el Evangelio.

 

Con María recibimos la misión

De María aprendemos a ser contemplativas, a dejar al Espíritu hacer en nosotras y a ser testigos del Amor que nos transforma y quiere expresarse en actitudes de servicio liberador para los hermanos.

Como Cristo, las Misioneras de Nuestra Señora del Pilar queremos hacer nuestras las necesidades de los hombres y tratamos de darles respuesta, según nuestras posibilidades, acompañando y dejándonos acompañar como pueblo de Dios en camino.

“Nuestro amor al prójimo –decía la madre Esperanza– ha de ser universal, que acoge a todos, que a todos hace el bien, a los necesitados, a los desheredados, ladrones, pecadores, a los pobres, a los niños, a los ancianos, a los enfermos, a los jóvenes, a los que creen y a los que no creen en Dios. A todos acoge, porque a todos acogió Cristo, a quien queremos vivir con la fuerza del Espíritu”.

Las Misioneras de Nuestra Señora del Pilar somos también de carácter universal por nuestros ministerios. Lo podemos hacer todo, nos dedicamos a todo: cuidado de enfermos, ancianos, obras de culto en parroquias, catequesis, guarderías infantiles, enseñanza, trabajo con y ayuda a la juventud, atención a los sacerdotes en casas sacerdotales... Todo lo utilizamos como medio para infundir y mantener el espíritu de Cristo. 

Sin fronteras que nos limiten

Para una misionera de Nuestra Señora del Pilar no ha de haber fronteras. Debe tener un corazón universal. “El clamor de los pobres ha de despertar nuestras conciencias ante toda situación de inhumanidad e injusticia. Hemos de ofrecer el amor, el compromiso y el trabajo por la solidaridad, la fraternidad y la justicia, y colaborar a la realización del hombre integral dentro del plan salvífico de Dios” ( CC. 55).

Como Misioneras de Nuestra Señora del Pilar, nuestra tarea –señalaba nuestra fundadora– ha de ser buscar hijos que adoren a Dios en espíritu y en verdad. Convertir a los hombres al amor de Dios, vivido, no sólo en su dimensión personal, sino también familiar y comunitaria, como es el mismo amor de Dios-Trinidad. Ésta ha de ser la misión de la congregación, apoyada y confortada por Nuestra Señora del Pilar.

Apoyadas en la omnipotencia misericordiosa de nuestro Dios y Padre, “nos comprometemos a la extensión del Reino y al servicio de la Iglesia” (CC. 49). Las Misioneras de Nuestra Señora del Pilar, allí donde estamos, somos misioneras. No hay fronteras que limiten nuestro carisma, ni actividades que lo hagan más patente. Ser misionera supone toda una vida para recibir y dar lo único necesario: el amor de Dios-Trinidad, del Dios Familia, que quiere hacer a todos los hombres hermanos, desde la dignidad de ser sus hijos, en todos los rincones de la Tierra. Ésta es la causa que nos une a todas las Misioneras de Nuestra Señora del Pilar.

 

DATOS DE CONTACTO

MISIONERAS DE NUESTRA SEÑORA DEL PILAR
C/ Albareda, nº 8 pral. B y C
50004 ZARAGOZA
Teléfono: 976 235 541

E-mail: mdpcg@planalfa.es

http://www.planalfa.es/confer/Misioneras-del-Pilar/

 

Por Mª Paz López
Misioneras de Nuestra Señora del Piloar
Revista Misioneros Tercer Milenio