Testigos del amor entrañable del Padre |
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29 de octubre de 1939 la M. Esperanza Vitales Otín funda en la
localidad oscense de Lanaja la congregación de las Misioneras de
Nuestra Señora del Pilar. Institución misionera que fue erigida de
derecho diocesano el 27 de julio de 1962 y que recibió la aprobación
de la Sede Apostólica como congregación de votos simples el 22 de
julio de 1970.
Cuando
cae en la cuenta del inmenso y entrañable amor que Dios regala a los
hombres y de que, a pesar de ello, muchos viven sin conocerlo y otros lo
menosprecian, vive una fuerte experiencia del pecado. La persona, amada
incondicionalmente por su Dios, rechaza a su Hacedor. El hombre ha
traicionado su ser y vive centrado en otras realidades que le
deshumanizan. Pero
Esperanza es consciente de que la misericordia de Dios es cumbre de su
omnipotencia. Nada está perdido. En medio de este mundo oscurecido por
el pecado, ella está convencida de que puede hacer algo y se siente
llamada a fundar una congregación mariana y misionera con el fin de que
sus miembros fueran testigos del amor de Dios al hombre ocupándose,
especialmente, de los más pobres: las Misioneras de Nuestra Señora del
Pilar. Cada
religiosa, con María y como María, está llamada a encarnar a Cristo.
Recibiendo todo el amor del Padre y dejándose transformar en Cristo,
por la fuerza del Espíritu. En la sencillez de la vida cotidiana y, según
su capacidad, cada misionera de Nuestra Señora del Pilar es testigo del
amor entrañable del Padre a cada persona con la que se encuentra:
hermanas de comunidad y destinatarios de la misión. Nuestro
carisma es ser Cristo. Él es la perfección consumada del proyecto de
Dios, manifestando el amor infinito hacia el hombre y respondiendo, como
hombre, al amor infinito de Dios. Ésta es nuestra misión: infundir y
mantener el espíritu de Cristo en las familias, en todas partes. Madre
Esperanza murió el pasado 24 de mayo de 2005 en Huesca. Nunca dejó de
sentir su amor apasionado por Jesucristo y la urgencia por anunciar el
Evangelio. Con
María recibimos la misión De
María aprendemos a ser contemplativas, a dejar al Espíritu hacer en
nosotras y a ser testigos del Amor que nos transforma y quiere
expresarse en actitudes de servicio liberador para los hermanos.
“Nuestro
amor al prójimo –decía la madre Esperanza– ha de ser universal,
que acoge a todos, que a todos hace el bien, a los necesitados, a los
desheredados, ladrones, pecadores, a los pobres, a los niños, a los
ancianos, a los enfermos, a los jóvenes, a los que creen y a los que no
creen en Dios. A todos acoge, porque a todos acogió Cristo, a quien
queremos vivir con la fuerza del Espíritu”. Las Misioneras de Nuestra Señora del Pilar somos también de carácter universal por nuestros ministerios. Lo podemos hacer todo, nos dedicamos a todo: cuidado de enfermos, ancianos, obras de culto en parroquias, catequesis, guarderías infantiles, enseñanza, trabajo con y ayuda a la juventud, atención a los sacerdotes en casas sacerdotales... Todo lo utilizamos como medio para infundir y mantener el espíritu de Cristo. Sin
fronteras que nos limiten Para
una misionera de Nuestra Señora del Pilar no ha de haber fronteras.
Debe tener un corazón universal. “El clamor de los pobres ha de
despertar nuestras conciencias ante toda situación de inhumanidad e
injusticia. Hemos de ofrecer el amor, el compromiso y el trabajo por la
solidaridad, la fraternidad y la justicia, y colaborar a la realización
del hombre integral dentro del plan salvífico de Dios” ( CC. 55).
Apoyadas
en la omnipotencia misericordiosa de nuestro Dios y Padre, “nos
comprometemos a la extensión del Reino y al servicio de la Iglesia”
(CC. 49). Las Misioneras de Nuestra Señora del Pilar, allí donde
estamos, somos misioneras. No hay fronteras que limiten nuestro carisma,
ni actividades que lo hagan más patente. Ser misionera supone toda una
vida para recibir y dar lo único necesario: el amor de Dios-Trinidad,
del Dios Familia, que quiere hacer a todos los hombres hermanos, desde
la dignidad de ser sus hijos, en todos los rincones de la Tierra. Ésta
es la causa que nos une a todas las Misioneras de Nuestra Señora del
Pilar.
Por
Mª Paz López |