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ay
mujeres que han decidido dedicar su vida, ofrecer sus servicios,
ejercer su profesión en servicio de los necesitados.
Las podemos encontrar en distintos países y en muy
diversas circunstancias y trabajos.
Están cerca de los enfermos, de los niños, de los
desnutridos, acompañando la lucha por la vida entre campesinos,
atendiendo las necesidades sociales de los nativos de la selva;
son Misioneras Dominicas.
Son
mujeres de distintas edades, jóvenes y mayores; las hay de
distintas razas y lenguas; han llegado de diversas familias y
grupos sociales. A todas les une el mismo Espíritu que
estaba sobre ellas, y que las ha consagrado para la vocación
misionera: el servicio a los necesitados, el impulso para
cambiar el mundo y hacer realidad el ideal del Evangelio: “He
venido para que tengan vida y en abundancia”.
La
Congregación de Misioneras Dominicas
La
Misionera Dominica vive y comparte el ideal común propuesto
desde el inicio de la Congregación por los fundadores.
Ellos fueron Misioneros que se encontraron con Cristo, y
reformularon su vida en el encuentro con los pobres.
Mons. Ramón Zubieta dedicó su vida a los
nativos de la selva peruana, que vivían en extremas condiciones
de pobreza y explotación. Invitó también a las hermanas que
dejando otras opciones de vida, se dedicaron a esta misma tarea
misionera. Su
experiencia fue gozosa y vivificante; y para permanecer en este
camino misionero y ser efectivas en él, M. Ascensión,
como líder del grupo, inspirada por el Espíritu, organizó a
las hermanas en Congregación Misionera. Desde entonces (1918)
muchas mujeres has seguido este camino, extendiendo su acción
por el mundo.
No
es una vida en solitario, sino en grupos, en comunidades, donde
se vive la fraternidad universal y donde se encuentra el apoyo e
impulso necesario en un trabajo que a veces es difícil,
conflictivo y hasta arriesgado, y donde también se comparte el
gozo, se experimenta la solidaridad, la alegría de la fiesta,
el entusiasmo del éxito.
Desde
esta primera experiencia misionera, Dios inspiró lo que se
llama el CARISMA, la
dirección del Camino, evangelizar a los pobres. Partiendo de
esta opción de vida y trabajo se reformula una espiritualidad
que orienta la vida de las hermanas, y que esta inspirada en el
Evangelio, en la misión de Jesús que vino a “anunciar la
Buena Noticia, a proclamar la liberación a los cautivos y dar
vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos (Lc. 4,
18)
La
vocación de la Misionera Dominica
El origen de esta vocación es el encuentro con Cristo, una
experiencia profunda y exigente que hace reformular la vida. La
iniciativa es de Dios y por eso se da en el momento mas
inesperado: “No me elegisteis vosotros a mí, fui yo quien os
elegí a vosotros” (Mat. 15,6).
El
encuentro tiene mediaciones; Dios sale a nuestro camino y nos
interpela de distintas formas: las personas y sus necesidades,
los contextos de muerte y sufrimiento, la palabra de Dios que
nos ilumina, el encuentro con una persona comprometida y cuya
vida nos interpela, una noticia, la lectura que nos presenta
duras realidades de
la vida...
Partiendo de este encuentro surgen nuevas dimensiones en la
vida; se pueden dar diversas respuestas: la del joven rico del
Evangelio, que dio la espalda a Jesús y se fue porque tenía
muchas riquezas para cuidar, o pararse, ver, escuchar y actuar
como hizo el samaritano, con los que van quedando al “borde
del camino”.
La
Misionera Dominica es la mujer que con valentía toma la decisión
de desarrollar su
vida y su persona al lado de los pobres del camino, junto con el
pueblo que lucha por la vida, sufre y se alegra en los pasos que
va dando para su liberación y progreso, que desea caminar según
el proyecto a que Dios nos ha llamado: ser Hijos de Dios en una
Fraternidad Universal.
Testimonio
de vida
Desde
el Congo
«A ocho años de la primera marcha de los cristianos en
Kinshasa, terriblemente reprimida por la fuerzas del momento,
los cristianos y todo el pueblo no han cesado de marchar hacia
la liberación, pero tampoco la represión ha cesado tomando
formas diversas.
Pero
el pueblo no se cansa a pesar de la guerra, las violaciones,
el pillaje, el hambre, el paro, la epidemias, el bloqueo
internacional y el olvido...
El pueblo no deja apagar la llama de la esperanza,
alimentada por su fe en Dios....
Nosotras
hacemos frente a la vida con este pueblo, unos días con
valor, mucho ánimo y esperanza; otros con interrogantes; la
rabia se hace presente, con todo seguimos caminando, manteniéndonos
erguidas en este largo y duro camino hacia la luz, la liberación,
la vida...» (Comunidad de Likasi)
Desde
Mozambique
«En
Mozambique la emergencia continúa, y hay que atender a las
numerosas personas que perdieron todo lo que poseían...
Trabajamos conjuntamente con otras instituciones en dos
frentes:
En
los "campos de emergencia" de Chokue, Macia y
Chaquelane, donde están cerca de 120.000 personas en frágiles
tiendas de campaña; Cáritas se ha responsabilizado de
suministrar alimentos y lo está haciendo con eficacia. Las
religiosas estamos organizadas por grupos, llevando la gestión
de los campos, dando asistencia sanitaria y nutricional,
acompañando silenciosamente, como ellos, la experiencia
dolorosa de la tragedia de que han sido víctimas, y abriéndonos
a la esperanza que les anima a pesar de todo...
El
segundo frente es a medio y largo plazo; donde ya se puede,
hemos comenzado el trabajo con las familias y los responsables
locales para construir dentro de lo posible, e ir haciendo
pequeñas casas con material más resistente y protector....»
(Comunidad de Mohotas)
Desde
Timor
«Después de 7 meses, recordamos la experiencia que
vivimos de la guerra... Han quemado las casas, hemos tenido
que refugiarnos con la gente...
El caos ha pasado pero los daños hechos en unas
semanas se tardarán años en reparar y en reconstruir Timor
Este, además de curar las experiencias traumáticas.
En
Soibada, las hermanas han sido muy valientes apoyando al
pueblo, pues después del caos faltaba comida... Una hermana
ha ido tocando las puertas de las ONGs solicitando ayuda y
pidiendo arroz... Ahora las hermanas están dando clases de
inglés y portugués a los niños y jóvenes para que se vayan
integrando...» (Comunidad de Dili)
Por
Cecilia Valbuena
Misionera Dominica del Rosario
Revista
Misioneros Tercer Milenio |