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undadas
en Javier, provincia de Navarra, en el año 1944, las Misioneras de
Cristo Jesús nacen con el firme propósito de contribuir a la
construcción del Reino de Dios, participando en la actividad misionera
de la Iglesia. Siempre con Cristo Jesús como centro de sus vidas, estas
misioneras desean hacerse presentes allí donde los valores del Reino
son desconocidos o aplastados, abriendo, con su trabajo, nuevos caminos
al Evangelio y haciendo de sus vidas un signo de la fraternidad
universal.
Hace
algo más de cincuenta años...
La
andadura de la que más tarde será la Congregación de las Misioneras
de Cristo Jesús se inicia en Pamplona.
Allí María Camino Sanz Orrio,
entregada con gran entusiasmo al Evangelio en el apostolado de la
Acción Católica, siente, junto con dos de sus compañeras, Concepción
Arraiza y María Teresa Unzu, el deseo, la necesidad, de dar un nuevo
paso en el seguimiento del Señor. Se proponen emprender una nueva
andadura, ir más allá en su compromiso evangelizador. Y ese “más
allá” empieza por romper las barreras geográficas. Las tres desean
con fervor, la igual que Abraham, “salir de su tierra” para anunciar
la Palabra de Dios en los lugares más necesitados. Pero, por entonces,
todavía desconocen como llevar a cabo esta iniciativa.
Entra
entonces en escena, de forma decisiva, un misionero jesuita recién
llegado de Japón, monseñor Domenzain. Monseñor viene en busca de
personas dispuestas a dejarlo todo por la Misión, gente capaz de vivir
en permanente actitud de servicio misionero. Y se encuentra con ellas.
Nada hay fortuito en los planes de Dios. Se perfila así un proyecto.
La
ayuda inestimable de monseñor Olaechea, obispo de Pamplona, da el
impulso definitivo. El 14 de marzo de 1944, frente al Castillo de
Javier, cuna del santo misionero navarro, nace el Instituto de
Misioneras de Cristo Jesús. “Era cosa de Dios. Él lo quería”, diría
años más tarde, María Camino.
Desde
el comienzo se busca un nuevo estilo de ser misionera: más ágil y
eficaz. Las que se van reuniendo alrededor de la idea inicial saben que
han de ser mujeres de fe y oración, ancladas en lo esencial: el amor a
Jesucristo y la consagración a la Misión (por eso, añaden un cuarto
voto: “marchar y servir a las misiones”). Todo lo demás debe estar
al servicio de este ideal. Y así, las estructuras, horarios y normas,
serán mínimas, máxima la disponibilidad para el servicio, pronta la
respuesta a las necesidades más urgentes... Siempre motivadas por el
amor al Reino, movidas por el Espíritu de Jesús, hambrientas de servir
a los hijos e hijas del Padre común.
Dentro
de nuestro Carisma, vemos a la Misionera de Cristo Jesús como una mujer
con experiencia profunda de Dios revelado en Jesucristo que, viviendo la
universalidad, busca abrir nuevos caminos al Evangelio en total
disponibilidad al Espíritu, solidaria con los pobres y marginados, con
alegría y sencillez de vida.
En
la actualidad
A los cuatro años de emprender aquella andadura partió la primera
expedición a tierras de misión. Su destino: la India. En la
actualidad, las Misioneras de Cristo Jesús estamos presentes, además
de en India, en Japón, Filipinas, Congo, Camerún, Bolivia, Venezuela,
Ecuador y Santo Domingo. Constituimos un pequeño grupo de algo más de
300 hermanas entre las que se encuentran africanas, americanas, asiáticas
y europeas que, fieles a nuestra inspiración primera, queremos dedicar
nuestra vida al anuncio del Reino.
Vivimos
en pequeñas comunidades internacionales, lo más cerca posible a las
condiciones de vida de la gente sencilla con la que convivimos,
compartiendo con ella la alegría de la salvación e intentando
transparentar el amor de Dios por medio de sencillos signos de amistad y
cercanía.
La
espiritualidad de los Ejercicios Esprituales de San Ignacio de Loyola
nos ayuda a vivir siempre disponibles y ligeras para el servicio,
centradas en Jesucristo y su proyecto salvador. En diálogo con nuestros
hermanos y hermanas de otras culturas, aprendemos sus valores y, con
ellos y ellas, luchamos por contruir el Reino de Dios, hecho de justicia
y paz, de libertad e igualdad.
Trabajamos
y vivimos en lugares donde se requiere la primera evangelización, en países
de minoría cristiana o en situaciones que precisan la pastoral
misionera o el desarrollo humano. Y lo hacemos por medio de la acción
directamente evangelizadora o impulsando la educación formal o
informal, la sanidad, la asistencia social, la formación de grupos de
mujeres y cooperativas, colaborando con organizaciones no
gubernamentales y otras instituciones que buscan el crecimiento de la
persona y la humanización de la sociedad...
Mirando
al futuro
De
cara al futuro nuestro deseo es continuar sirviendo a nuestros hermanos
y hermanas, siendo presencia evangélica
allí donde el Evangelio es menos conocido, viviendo como testigos del
Dios Padre y Madre que ama a todos sus hijos e hijas por igual.
Por
ser especialmente sensibles a la situación marginal en la que viven
millones de mujeres, queremos continuar en la denuncia y en la lucha
contra toda injusticia que discrimina a esta mitad de la humanidad,
hasta que se consiga un mundo más cercano al sueño de Dios.
Soñamos
con un mundo fraterno y solidario en el que podamos construir, mano a
mano, con los creyentes de todas las religiones y con todos los hombres
y mujeres de buena voluntad, una sociedad sin excluidos ni marginados,
un mundo de justicia, armonía y paz.
Celia
Fernández
Misionera de Cristo Jesús
Revista
Misioneros Tercer Milenio |