Liberadoras de esclavitudes |
ara las Hermanas Mercedarias de la Caridad la historia es un camino de huellas, de señales y acontecimientos llenos de misterio. Un 16 de marzo de 1878 comenzó la historia de nuestra familia en esa corriente del misterio de Dios que clama liberación de las esclavitudes. En esa fecha, en la ciudad de Málaga, el sacerdote granadino, Juan Nepomuceno Zegrí y Moreno, fundó la Congregación para practicar todas las obras de misericordia en la persona de los pobres.
De hecho, las Hermanas Mercedarias somos un grupo de mujeres fascinadas por el amor de Dios y enamoradas de Jesucristo Redentor, que entrega la vida a los más pobres, sirviendo el Evangelio de la Caridad Redentora por los caminos del mundo. Somos 1.286 hermanas, distribuidas en 168 comunidades presentes en cuatro continentes y en 17 países. Con ocho Provincias y una Delegación en Corea. Nuestra misión es ser merced de Dios por todos los rincones de la tierra. Caridad que recogen en la historia de hoy las palabras proféticas del Fundador: “Curar todas las llagas, remediar todos los males, calmar todos los pesares, desterrar todas las necesidades, enjugar todas las lágrimas, no dejar si posible fuera en todo el mundo un solo ser abandonado, afligido, sin educación religiosa y sin recursos”. Vocación misionera bien definidaEl Espíritu Santo, que vivifica a la Iglesia, sigue infundiendo en el corazón de los fieles el espíritu misionero que impulsó a Cristo. La Iglesia recibe el mandato de Cristo de prolongar su misión: “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.
Como Congregación nos sentimos llamadas a anunciar a Cristo Redentor en todo tiempo y lugar y queremos responder con sabiduría evangélica a los interrogantes que hoy brotan de la inquietud del corazón humano y de sus necesidades más urgentes. Queremos ser testigos de lo que hemos visto y oído. Mirando a MaríaNuestro Carisma Redentor nos invita a mirar a María a la luz del misterio pascual de Cristo, misterio que comienza en la encarnación y culmina en Pentecostés. Ella supo integrar el proyecto redentor en un proceso existencial y vivirlo a la luz de la fe. Colaborando en la misión redentora de Cristo, María nos enseña a acercar a la Humanidad al amor que Él vino a revelar: amor que se concreta, sobre todo, en los que sufren, en los cautivos, los oprimidos. María de la Merced, en su condición de mujer, y como pobre de Yahvéh, nos muestra el camino del Evangelio hecho cercanía, acogida, justicia y misericordia. Nuestro Fundador nos decía: “Procuren que los que se relacionen con la Congregación tengan una auténtica devoción y amor filial a la Virgen... Nuestra Señora de las Mercedes es de todos y para todos, pues no hay título más dulce, invocación más suave, nomenclatura más amplia que la merced y misericordia de María”.
El P. Zegrí nos dice que la caridad de las hermanas mercedarias ha de ser de tal manera que “su paso por la tierra se asemeje a un astro que ilumina sin quemar, a una ráfaga que purifica sin destruir, a un arroyo que fecunda sin inundar”.
Por
Sor Olvido López |