Liberadoras de esclavitudes

P

ara las Hermanas Mercedarias de la Caridad la historia es un camino de huellas, de señales y acontecimientos llenos de misterio. Un 16 de marzo de 1878 comenzó la historia de nuestra familia en esa corriente del misterio de Dios que clama liberación de las esclavitudes. En esa fecha, en la ciudad de Málaga, el sacerdote granadino, Juan Nepomuceno Zegrí y Moreno, fundó la Congregación para practicar todas las obras de misericordia en la persona de los pobres.

Juan N. Zegrí fue un hombre de Dios y del pueblo, profeta de la misericordia y de la ternura de Dios, mártir del corazón y fiel seguidor de Jesucristo Redentor, que supo contagiar de estos valores a la Congregación. Con muchos motivos fue proclamado Beato por Juan Pablo II el 9 de noviembre de 2003.

De hecho, las Hermanas Mercedarias somos un grupo de mujeres fascinadas por el amor de Dios y enamoradas de Jesucristo Redentor, que entrega la vida a los más pobres, sirviendo el Evangelio de la Caridad Redentora por los caminos del mundo. Somos 1.286 hermanas, distribuidas en 168 comunidades presentes en cuatro continentes y en 17 países. Con ocho Provincias y una Delegación en Corea.

Nuestra misión es ser merced de Dios por todos los rincones de la tierra. Caridad que recogen en la historia de hoy las palabras proféticas del Fundador: “Curar todas las llagas, remediar todos los males, calmar todos los pesares, desterrar todas las necesidades, enjugar todas las lágrimas, no dejar si posible fuera en todo el mundo un solo ser abandonado, afligido, sin educación religiosa y sin recursos”.

Vocación misionera bien definida

El Espíritu Santo, que vivifica a la Iglesia, sigue infundiendo en el corazón de los fieles el espíritu misionero que impulsó a Cristo. La Iglesia recibe el mandato de Cristo de prolongar su misión: “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.

La vocación misionera específica está bien definida en nuestro instituto desde su fundación. El P. Zegrí, ya en 1883, dio respuesta a esta necesidad de la Iglesia, y continuó inculcando y fomentando esta dimensión en el Instituto. Decía: “La caridad, que es Dios, no ha pasado. Su influencia no concluirá mientras haya regiones lejanas que evangelizar, sudores que verter y sangre que derramar, para fecundar las almas y engendrar la verdad en la tierra”. Dentro de la fidelidad al Carisma, vivimos la vocación misionera específica en disponibilidad, intentando responder a las necesidades y compromisos de la Iglesia.

Como Congregación nos sentimos llamadas a anunciar a Cristo Redentor en todo tiempo y lugar y queremos responder con sabiduría evangélica a los interrogantes que hoy brotan de la inquietud del corazón humano y de sus necesidades más urgentes. Queremos ser testigos de lo que hemos visto y oído.

Mirando a María

Nuestro Carisma Redentor nos invita a mirar a María a la luz del misterio pascual de Cristo, misterio que comienza en la encarnación y culmina en Pentecostés. Ella supo integrar el proyecto redentor en un proceso existencial y vivirlo a la luz de la fe. Colaborando en la misión redentora de Cristo, María nos enseña a acercar a la Humanidad al amor que Él vino a revelar: amor que se concreta, sobre todo, en los que sufren, en los cautivos, los oprimidos. María de la Merced, en su condición de mujer, y como pobre de Yahvéh, nos muestra el camino del Evangelio hecho cercanía, acogida, justicia y misericordia. Nuestro Fundador nos decía: “Procuren que los que se relacionen con la Congregación tengan una auténtica devoción y amor filial a la Virgen... Nuestra Señora de las Mercedes es de todos y para todos, pues no hay título más dulce, invocación más suave, nomenclatura más amplia que la merced y misericordia de María”.

La caridad que el Espíritu inspiró a nuestro Padre Fundador, como carisma de la Congregación, se fundamenta en dos grandes misterios de nuestra fe: la encarnación, Dios se abaja, se acerca, se hace uno de tantos entre los seres humanos. Y en el misterio del Calvario, pues en la Cruz Cristo nos hace doblemente hermanos purificados en su sangre. Además es una caridad que se tiene que materializar en gestos de amor cotidianos: curando llagas, remediando males, calmando pesares, desterrando necesidades, enjugando lágrimas... La caridad mercedaria es la providencia visible de los pobres, para todos aquéllos que gimen en la orfandad, beben el cáliz de la amargura y se alimentan con el pan de la tribulación.

Es también una caridad solidaria que une personas y pueblos, que crea lazos de concordia, de paz y de unidad. Concordia, paz y unidad que se asientan en las realidades por la cualidad del amor que es la justicia. Recuperar este elemento de justicia es muy importante en nuestro ejercicio de la caridad redentora en este mundo de hoy que explota, margina y excluye a los pobres. Prestamos todos nuestros esfuerzos, deseos y acciones a la lucha por los derechos de la dignidad de la persona. 

El P. Zegrí nos dice que la caridad de las hermanas mercedarias ha de ser de tal manera que “su paso por la tierra se asemeje a un astro que ilumina sin quemar, a una ráfaga que purifica sin destruir, a un arroyo que fecunda sin inundar”. 

 

DATOS DE CONTACTO

HERMANAS MERCEDARIAS DE LA CARIDAD
C/ Manipa 71, 4º
28027 MADRID
Teléfono: 91
406 67 12

Web:http://www.mercedariasdelacaridad.org/

 

Por Sor Olvido López
Mercedaria de la Caridad
Revista Misioneros Tercer Milenio