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cada época, y según las urgencias y necesidades, el Espíritu impulsa
en la Iglesia nuevos carismas. Así han ido surgiendo, a través de los
tiempos, las congregaciones religiosas, asociaciones y grupos de
compromiso.
El siglo XX ha sido testigo de la reivindicación del potencial de la
mujer en todas las esferas de la vida. Y las Misiones no han sido una
excepción. Lo que se dio en llamar el “Tercer Mundo”, que había
sido casi exclusivamente parcela para las congregaciones masculinas, se
presentó como campo inagotable para la acción de la mujer, tanto en el
terreno pastoral como en promoción y desarrollo.
Así
nació la Compañía Misionera del Sagrado Corazón de Jesús. Corría
el año 1942 cuando Pilar Navarro Garrido y un grupo de jóvenes que vivían
la experiencia del amor de Dios y deseaban compartirla con todos los
hermanos del mundo, fundaron una Congregación Religiosa femenina
exclusivamente misionera “con la firme determinación de que todos sus
miembros hayan de ir a misiones”, según reconocen los documentos históricos.
De
1942 al presente año 2000 el concepto de misión se ha transformado,
especialmente desde el Concilio Vaticano II, pero el “Id y anunciad la
Buena Nueva a todos los pueblos” sigue y seguirá siempre vigente para
todos los seguidores de Jesús.
Hermanas
universales
Perú, Colombia, Congo, Marrucecos, India, Camboya y, en fecha no muy
lejana, también Cuba. Son los países que conocen del inmenso amor que
bridan a todos los hermanos las misioneras del Sagrado Corazón de Jesús.
Todas cuantas formamos parte de esta familia misionera vivimos con alegría
y acción de gracias la universalidad de sus miembros, una tercera parte
de los cuales procede de esos territorios llamados “de misión”.
Damos gracias también por la internacionalidad de las distintas
comunidades.
Urgidas
por el Espíritu
Nos reúne la entrega incondicional a Cristo y el impulso del Espíritu
a anunciar el Reino de Dios a todos los hombres, reino de paz, justicia
y amor, especialmente a los más pobres y necesitados.
Vivimos
en pequeñas comunidades donde se comparte la fe, la oración, el
trabajo, las experiencias de la vida..., en definitiva, todo lo que
somos y tenemos.
El
compromiso con los pueblos y las situaciones que nos rodean exigen de
nosotras una actitud contemplativa que nutrimos en la oración personal
y comunitaria.
Creadoras
de fraternidad
-
Queremos
testimoniar y proclamar el Mensaje de Jesús, la solidaridad de los
hijos de Dios, la fraternidad universal.
-
Queremos
respetar las culturas en las que nos sumergimos y descubrir en ellas
las semillas del Evangelio.
-
Queremos
anunciar a Cristo con la palabra, cuando es oportuno, o
sencillamente con la vida y el diálogo con os hombres de buena
voluntad.
-
Queremos
romper fronteras donde éstas suponen una división entre los
hombres.
Evangelizar
amando
Tratamos de vivir con sencillez y apertura en los grupos humanos de nuestro
entorno, buscando los signos de Dios en sus culturas y en el interior de sus
corazones.
Trabajamos
con ellos, codo a codo, en promoción, salud y educación, sin grandes
instituciones ni asentamientos, en obras sencillas, adaptadas al medio,
formando y animando comunidades cristianas. Acercándonos y trabajando con la
mujer sobre todo en lugares donde está especialmente oprimida; con los niños,
los jóvenes, buscando con preferencia a los marginados por la sociedad.
En
las fronteras
Sabemos que nuestro lugar está en los límites exteriores a nuestras
sociedades de consumo y de opresión, es decir, allí donde reina la
inseguridad y la pobreza. En pequeñas aldeas perdidas en la selva o en
grandes ciudades industriales que amontonan en los barrios marginales a los
condenados a la pobreza resultante de los excesos de la riqueza.
Lugares
donde hoy se enciende fácilmente la violencia fruto de los vicios de nuestra
sociedad, tan necesitada de justicia y de solidaridad.
Abiertas
al futuro
Después de casi sesenta años de existencia de la Compañía Misionera del
Sagrado Corazón de Jesús, siguen muy vivos en nuestro presente todos estos
deseos que, en su día, hicieron posible nuestra fundación. Queremos estar
abiertas a los nuevos signos de los tiempos y a las necesidades del mundo
actual. Queremos estar preparadas para dar respuesta adecuada, en cada lugar y
en cada momento, a tantos hermanos que necesitan un poco de ayuda, de
solidaridad y de amor.
Ojalá
permitamos que el Espíritu nos conduzca siempre, como hasta ahora nos ha
guiado.
Un
poco de historia
La
Compañía Misionera del Sagrado Corazón de Jesús se inicia en 1938, cuando
una joven, sintiendo el Amor de Dios en su vida, descubre la llamada a
compartirlo en las Misiones con los hombres que todavía no lo han
descubierto.
Al
no existir ningún Instituto religioso femenino exclusivamente misionero,
busca cómo crearlo. Se une a
otras jóvenes e inician así su vida en comunidad.
Pero
habrá que esperar hasta 1942 para que la Compañía Misionera del Sagrado
Corazón de Jesús se haga realidad como Instituto Religioso, gracias a la
fidelidad, fortaleza y entusiasmo de Pilar Navarro Garrido, su fundadora.
Hoy,
a sus 91 años, la Madre Pilar sigue con atención el crecimiento y la labor
de la Compañía.
Por María
Asunción García Suárez
Compañía Misionera Sagrado Corazón de Jesús
Revista
Misioneros Tercer Milenio |