Enviadas a ser presencia 
de la misericordia de Dios

E

l Carisma que impulsó a Luz Rodríguez Casanova y sus primeras compañeras a entregar sus vidas en totalidad a Dios en servicio a los pobres es la fuerza del Espíritu que hace nacer la Congregación de Apostólicas del Corazón de Jesús.
Hoy  somos 34 pequeñas comunidades apostólicas repartidas por España, Italia, Perú, Bolivia, República Dominicana, El Salvador, México y Angola.
       “Creemos que el Proyecto Salvador de Dios se realiza en la historia, por eso queremos vivir en reciprocidad el evangelizar y ser evangelizadas, haciendo un proceso de inserción solidaria, viviendo y caminando desde los excluidos”.

¿Quiénes somos?

        Todo empezó en Madrid, en torno al año 1900. Luz Casanova, una joven de origen asturiano, se asoma a la vida con toda la energía de sus 20 años y un corazón lleno de preguntas. Fue creciendo en una familia de la aristocracia a la vez que sus oídos iban percibiendo “otros murmullos desde los pobres” que orientaron su sensibilidad y su vida. El murmullo de los niños y niñas de la calle, sin escuelas; el murmullo de los que tenían hambre; el murmullo de los enfermos... Durante más de 20 años sus pies recorrieron caminos poco transitados por la vida religiosa de entonces, como seglar vive la búsqueda sin saber por qué caminos se va a ir adentrando, pero sí con quiénes y por quiénes; unos caminos que nunca hará en solitario, sino con la profunda convicción de sentirse acompañada por Aquél que “ha atravesado con un dardo mi corazón... tomando todas mis facultades y sentidos” (L.C.) convirtiéndola en mujer apóstol. Después de 30 años de apostolado seglar nace la Congregación en el año 1924, dando continuidad a esta misión apostólica y realizando el sueño de “Id por el mundo y anunciad la Buena Noticia a toda la humanidad” (Mc. 16,15). Luz solía decir: “Tiene que ser una Congregación flexible, que se acomode según países, tiempos y circunstancias”. Luz Rodríguez muere el 8 de enero de 1949 y su sueño de ir a otros pueblos se realizó llegando a México y Perú.

¿Qué hacemos?

     Intentamos responder a las realidades de exclusión en cada lugar, desde una vida compartida con quienes la padecen, organizándonos con ellos, viviendo el riesgo y la confianza, buscando alternativas desde lo pequeño, para aliviar el sufrimiento y recomponer las dignidades rotas.
     Nuestra presencia en aquellos lugares donde nos encontramos es una presencia sencilla que intenta estar atenta a la realidad desde lo más frágil y quebrado de la historia, descubriendo las posibilidades latentes de cada persona, grupo y pueblo. Las relaciones de vecindad y cotidianidad con la gente son para nosotras una escuela de vida.

¿Dónde estamos?

      Estamos en América Latina, en el altiplano de Bolivia y en la selva del Perú; en pueblos indígenas de México y Perú y en las periferias y pueblos jóvenes de Lima, México y El Salvador; en la República Dominicana y en el interior de Angola, en la ciudad de Malange; en barriadas de los “sures” de España y en ciudades donde la inmigración y los “sin techo” buscan un lugar y una esperanza de futuro.
         Intentamos apoyar todo lo que es organización y grupo, comunidad y solidaridad, colaborando con colectivos, tanto eclesiales como no eclesiales, que trabajen por favorecer la dignidad de los pobres y los derechos humanos de hombres y mujeres.
         Desde ellos, vamos renaciendo como mujeres nuevas, desaprendiendo lenguajes, formas, costumbres, estilos de vida que a menudo se nos han ido pegando por el camino. Y aprendemos nuevos lenguajes, costumbres, estilos de vida, de cada cultura y pueblo. Intentamos acercarnos lo más posible al modo de vivir de las personas de los barrios y pueblos con los que compartimos nuestra existencia, asumiendo un estilo de vida cada vez más semejante al suyo: condiciones de vivienda, trabajo, economía, relaciones, organización... Así, juntos, se nos va regalando la misma experiencia que a los de Emaús: al compartir el pan de la vida y al darnos cuenta de que es el mismo Dios el que se parte y reparte entre nosotros, nos arde el corazón.

Una misión especialmente apostólica

      "Nuestra vida se distingue, sobre todo, por la forma con que nos sentimos vinculadas al Corazón de Cristo, que es fundamento, alma y vida de esta Congregación. Nuestra misión es esencialmente apostólica, por eso nos proponemos vivir con la ayuda de Dios, el más ardiente amor al Salvador, junto con la mayor estima del valor de la persona, por la que Cristo dio su vida. Este amor y estima por los más pobres es la ley interior que nos anima.

Nuestros sueños

       Nuestro sueño de "mujeres apóstoles" es un sueño colectivo, como lo fue el de nuestra fundadora; un sueño que, al poner en marcha la imaginación, activa todas las energías del ser y nos pone en camino, por eso, con todos los que al soñar se movilizan y manchan sus pies en ese sueño.

Soñamos: 

Un cielo nuevo y una tierra nueva, donde no haya más grito, ni llanto, ni muerte.

Una Iglesia comunidad de iguales, acogedora de la diversidad, reconocida por los pobres y excluidos como suya.

Una vida religiosa cada vez más expuesta, en frontera, más amasada con la vida de otros, "fuera de la ciudad".

Un mundo transformado en corazón, en una mesa compartida como lugar para todos, como es el Corazón de Dios.

     En nuestra vida hay un desafío: el amor preferente por los menos queridos; "que todos se sientan con derecho a contar con nosotras".(L.C)
      Somos testigos de que algo nuevo está naciendo y con los pobres va creciendo. Somos testigos de que los excluidos y olvidados son algo más que carencias, son posibilidades, porque dentro está el Reino de Dios.

 

DATOS DE CONTACTO

APOSTÓLICAS DEL CORAZÓN DE JESÚS
Santa Engracia, 11
28010 Madrid

Teléfono: 91 445 39 69

Por Mª Luisa López Ramos
Apostólica del Corazón de Jesús
Revista Misioneros Tercer Milenio