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El lema elegido para Iglesia en misión en este tramo final del año 2011, “La Palabra se encarna en la misión”, evoca el evangelio de Juan: “Y la Palabra se hizo carne” (Jn 1,14), y recuerda el rezo diario del ángelus. Esta Palabra, encarnada en María, ve la luz en Navidad y pone su “morada entre nosotros” (Jn 1,14).
San Juan narra el recorrido del Verbo desde su “estar” junto a Dios Padre hasta hacerse carne, para retornar al seno del Padre portando consigo la humanidad. En este camino aparece como el “misionero” del Padre y testigo de Dios. Él es la Palabra definitiva que ha salido del Padre y ha vuelto a Él después de haber fecundado la tierra.
Este itinerario de la Palabra se hace realidad en la misión, donde otros “testigos” de Dios, los misioneros, al contemplar su rostro se hacen Palabra de Dios con sus hermanos los hombres. Ellos son portadores de esta Palabra que ilumina, purifica y convierte. Ellos, como María, no son más que servidores de la Palabra para su “encarnación” en los ámbitos misioneros.
El lema puede ayudar a celebrar la Navidad en clave misionera. El nacimiento de Jesús es un simple recuerdo agradecido por algo extraordinario que sucedió en la historia. Celebrar la Navidad es actualizar el misterio salvador de Dios y asumir la condición de instrumentos para anunciar, con los ángeles, a la humanidad: “Os ha nacido hoy… un salvador, que es el Cristo Señor” (Lc 2,11).
En Navidad la Iglesia actualiza su compromiso misionero, porque, al contemplar la Palabra encarnada, experimenta la necesidad de anunciarla. Lo hace en una doble dirección: con la multitud de pueblos que aún no conocen la Buena Nueva del Evangelio y con los muchos cristianos que todavía están necesitados de que se les vuelva a anunciar persuasivamente la Palabra de Dios. “La Iglesia, segura de la fidelidad de su Señor, no se cansa de anunciar la Buena Nueva del Evangelio e invita a todos los cristianos a redescubrir el atractivo del seguimiento de Cristo” (Benedicto XVI, Exh. Apos. Verbum Domini, 96).
El cartel de Iglesia en misión propone, en una sincronía de imágenes, el camino. En el horizonte se contempla a los Magos de Oriente que abren su vida a la Palabra, ofrecida por sus primeros testigos: María y José. Sobre el fondo de la Palabra revelada y escrita, las mediaciones de la Iglesia misionera: la proclamación de la Palabra por parte de quienes han sido constituidos en este ministerio, la catequesis que ayuda a entender la Palabra revelada, y la lectura remansada de esta Palabra que penetra en quien tiene el corazón abierto. Así se hace presente –se encarna– la Palabra en la misión. Entonces “la Palabra no solo nos concierne como «destinatarios»… sino también como «anunciadores»” (Ibidem, 91).
Revista Misioneros Tercer Milenio, diciembre de 2011
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